Ciberseguridad, Antonio, ciberseguridad. Al igual que en nuestra faceta biológica tenemos que defendernos desde incluso antes del nacimiento de gérmenes, virus, parásitos y demás amenazas, en nuestra vida digital debemos aprender a tomar las precauciones necesarias para poder desarrollar nuestro trabajo, hobbies, ocio, compras… con los menores riesgos posibles. Y no es descabellado que comencemos con las nociones más básicas de ciberseguridad desde los primeros contactos con la informática en la adolescencia. Quiero comenzar esta serie de recomendaciones con las pautas más sencillas para que acostumbrarse a navegar por Internet de manera segura no suponga arruinar la experiencia.

Perdurando en nuestros días, el correo electrónico suele ser la primera pieza de nuestra identidad digital. Puede que nos llegue a través de la plataforma educativa de nuestro colegio o instituto, como usuario para arrancar sesión en algún sistema operativo o símplemente para recibir notificaciones de clase.

Lo prioritario será que la primera vez que lo utilicemos, cambiemos nuestra contraseña de inicio por otra lo suficientemente segura. No queremos preocuparnos de posibles intentos de adivinación por parte de algún escolar con ganas de jugar o bots (para otra entrega lo dejo) probando a reventar cuentas.

¿Qué entendemos por contraseña segura?. Me agrada que me hagan esa pregunta. Llevo años motivando y concienciando semanalmente a mis compañeros de trabajo con temas de ciberseguridad y puedo aseguraros que el correo electrónico es, con diferencia, el principal vector de riesgo. La ventana preferida por los ciberdelincuentes para colarse en la estructura de una organización.

Al lío. Las contraseñas seguras han demostrado cada cierto tiempo que se quedaban obsoletas por los avances en capacidad de computación, que permitían un descifrado más rápido con cada nueva generación de chips. Hoy en 2026 os recomiendo no menos de 12 caracteres. Por supuesto, con mezcla de mayúsculas, minúsculas, números y algún carácter de puntuación siempre que el sistema que utilicéis lo permita. A partir de aquí existen dos escuelas, las que recomiendan contraseñas del tipo G7$4ero.@Lpa9, altamente aleatoria y complicada tanto para adivinarla como para que el usuario legítimo la recuerde. Resultado, la tendremos que apuntar y tenerla a mano para cada uso y probablemente quede a la vista de otras personas. Es un procedimiento muy válido pero a través de los años he descubierto que genera frustración. La otra escuela (me apunto) es la que recomienda una contraseña que incluya alguna palabra/s fácil de aprender y difícil de adivinar, por ejemplo: 23.Dardo=Acer0.33, nótese que los números pueden utilizarse lo mismo como dorsales de deportistas admirados o fechas señaladas, comienzos o finales de números de teléfono… El 0 se usa de manera divertida y la contraseña resulta suficientemente larga y complicada como para ser difícil de adivinar pero razonablemente fácil de aprender.

Ya tenemos el primer nivel superado. Vayamos a por el nivel pro. Muchos sistemas para romper contraseñas se basan en probar una tras otra indefinidamente hasta encontrar la correcta (fuerza bruta). Los más modernos utilizan técnicas que incluyen palabras comunes usando diccionarios. Intentemos ir un paso más allá: utilizar palabras en castellano (el inglés suele ser el idioma de la red y por tanto de los diccionarios utilizados) para volar bajo el radar… e incluso elegir palabras de uso coloquial que no estén en ningún dicionario y utilizar la ortografía de manera creativa. Ejemplos para ilustrar la idea: 02Soi1Zokete? o _Kachit0dCiel0, siempre buscando complejidad y seguridad sin renunciar a cierta capacidad para recordarlas. Seguro que podéis encontrar vuestra propia combinación que a base de recuerdos y preferencias os genere una contraseña estupenda. Garabatead algún papel con ideas que se os ocurran, el tema lo merece.

Esto nos deja apañado el tema del correo electrónico, pero no hace más que descubrirnos la ensalada de páginas web, redes sociales, bancos, tiendas y demás servicios online que van a poblar nuestros dispositivos más pronto que tarde. Para toda esta avalancha, un par de consejos rápidos: primero, no repitáis contraseñas en distintos servicios de internet. Podría darse el caso de que un robo de credenciales en una tienda de internet comprometa vuestro usuario en una red social, facilitando de paso el robo de vuestra identidad. Y segundo, imaginad contraseñas mixtas que tengan una parte fija (fácilmente aprendible) y una coletilla que identifique el servicio en el que la vayáis a usar: (feis para FaceBook, insta para Instagram, GM para Gmail… a vuestro gusto). Aquí algunos ejemplos de pack seguro de contraseñas: feis_Kachit0Ciel0, insta_Kachit0Ciel0 y GM_Kachit0Ciel0, por ejemplo. Las combinaciones son infinitas y vuestra imaginación el límite.

Queda a discreción del respetable utilizar contraseñas todavía más complicadas en caso de entidades bancarias o tiendas online, servicios críticos para los que un puntito de paranoia nos dará un plus de tranquilidad.

Como despedida de este primer guiño a la ciberseguridad os dejo el enlace a una web de reconocido peso en el mundillo. Tiene un servicio con el que podéis estimar el tiempo medio que costaría averiguar la contraseña que le escribáis. Si os dice que se tardarían «Centuries», vamos bien. Tened cuidado ahí fuera.

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