Yogur casero.

Sí, sí, lo sé. Este no es un blog culinario, pero denme unos minutos y verán como nuestras amigas las bacterias nos enseñarán una lección magistral.

En casa apreciamos mucho lo casero: fruta y verdura de huerta, panes y repostería preparados por nosotros mismos… y desde hace practicamente un año, el yogur. En mi humilde opinión, el mejor yogur que haya probado nunca. Todo empezó buscando por la red una yogurtera. Llevábamos tiempo dándole vueltas al tema hasta que topé con un hilo del foro Mundorecetas en el que hablaban de multitud de modelos. Una señora explicaba que de todas las yogurteras que había comprado durante su vida (y eran más de media docena) las que mejor resultado le habían dado eran las de vaso único y que no se enchufaban. Pero lo que más me sorprendió fue leer que varios foreros no utilizaba ninguna yogurtera. Se habían pasado al yogur al microondas. Extrañado, seguí investigando, experimentando y después de unas cuantas pruebas, me quedo con este procedimiento:

En un recipiente adecuado, calentamos al menos 1 litro (he llegado a preparar litro y medio perfectamente) de leche entera (nada de semi o desnatada, las bacterias necesitan alimento) en el microondas hasta que alcance los 45º C, la temperatura óptima de fermento. Cuidado con la temperatura porque si nos pasamos de 50º C las bacterias pueden no sobrevivir. Comprobamos con un termómetro de cocina que estamos en valores correctos, añado un par de cucharillas colmadas de leche en polvo (truco que leí en otro sitio para que el yogur tenga más cuerpo) y remuevo. Así, además de disolver la leche en polvo, se homogeneiza la temperatura. Añadimos el yogur, remuevo otra vez, lo tapo y al microondas con su trapito y su gorro de forro polar. Cuando por la mañana lo sacamos, han pasado unas 10 ó 12 horas. A la nevera a cortar la fermentación y listo para el postre. No está mal ¿verdad?, con menos de 5 minutos de trabajo tenemos yogur para rato. ¿Qué les parece?

Recomiendo prepararlo con los peques de la casa. Van a aprender mucho y se van a sorprender de que algo tan rico siga un proceso tan sencillo. Pueden comenzar con las bacterias que viven en el yogur (y luego en nuestro instestino), el azúcar de la leche (lactosa) del que se alimentan, que el yogur se debe añadir después del microondas porque éstas matarían las bacterias, que necesitan temperatura tibia para desarrollarse y que con leche muy caliente no pueden vivir (y la analogía con la fiebre cuando estamos enfermos), que cuanto más tiempo pasa más ácido es el yogur porque las bacterias siguen reproduciéndose (por eso debe refrigerarse y consumirse en menos de una semana), los beneficios para el sistema digestivo, los famosos alimentos probióticos, que la leche ya no es como antes y por eso hay que añadir unas cucharillas de leche en polvo…

Unos apuntes antes de dejarles que experimenten por su cuenta: obviamente, las bacterias solo fermentan la leche, ni generan azúcar ni mucho menos trocitos de fresa o pera. Por favor, no se sientan ofendidos, es que han sido varios los que me han preguntado sobre yogures de sabores… También notarán que el yogur es menos ácido que el industrial, merece la pena que lo consuman tal cual. Si aún así no les termina, siempre pueden añadirle un poquito de azúcar, mermelada, miel…

Para finalizar, y después de bucear un poco en los entresijos de la producción industrial del yogur, les aseguro que con buenas materias primas, observación de las normas elementales de higiene y una correcta conservación refrigerada, disfrutarán de un yogur casero excelente.

Saludos.

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