Raspberry Pi

Donde muchos solo verán un cacho de plástico con chapitas, otros nos quedamos empanados ante semejante revolución en el mundo de la computación. Raspberry Pi es el nombre del enjendro. Un ordenador del tamaño de una tarjeta de crédito con suficiente potencia como para reproducir video en alta definición. El procesador es un sandwich (Broadcom) de varios pisos que lleva incluida la memoria RAM (256 MB) y una tarjeta aceleradora de video. Tiene la velocidad de un móvil moderno tipo Samsung Galaxy Ace (700MHz) y no le falta de nada: salida de video compuesto (clavija amarilla para teles viejas) o HDMI; un par de USBs para lo que queramos, una conexión de red Ethernet de 100Mb/s y una salida de audio analógico. El consumo es ridículo, se alimenta con un simple cargador de móvil.
El proyecto comenzó hace 6 años en el Laboratorio de Computación de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. Estarán conmigo en que con ese padrino, tonterías las justas. Un grupo de estos genios se confabuló para diseñar y producir esta pequeña maravilla. Llevaban tiempo viendo como la juventud se aborregaba con aplicaciones de ofimática, las redes sociales y los videojuego. Se había perdido el espíritu innovador, afán experimentador y pasión por la programación que generaron computadoras como Amiga, Spectrum, Commodore… Con mucho tesón y sacando tiempo de donde no tenían, desarrollaron un pequeño aparato con el que revivir esas experiencias. Diseñado con la tecnología de hoy día, las capacidades son mucho mayores: con un Raspberry Pi se puede trabajar, jugar, programar, experimentar…

Otro pilar del proyecto, el precio. Los ordenadores son caros y complejos. Si querían llegar lejos debían hacerlo barato. Por 35$ (sí, han leido bien) pueden hacerse con uno de esos. Es un juguete con grandes posibilidades tanto en el ámbito educacional como recreativo y profesional. Ya no hay excusa para montar aulas de informática en la escuela o para que los jóvenes interesados en programación puedan experimentar sin poner en riesgo el ordenador de casa. No es necesario disponer de equipos en exclusiva para simplemente mostrar una información en un museo, hospital, etc.  Se abaratarán enormemente los montajes industriales en los que un Raspberry Pi pueda gobernar una máquina con soltura. Y por si les parece poco, gracias al lanzamiento de una tarjeta de expansión capaz de controlar luces LED, motores y automatismos, las posibilidades crecen ad infinitum. ¿Alguien dijo robótica? 😉
De acuerdo, les explicaré el truco. El procesador que utiliza no es comparable a los que ahora mismo utilizamos en nuestros portátiles o sobremesas. La arquitectura interna es distinta, del tipo que se utiliza en la telefonía móvil, las tabletas, reproductores multimedia y demás electrónica de consumo. Las implicaciones son muy importantes ya que los sistemas operativos deben ser reconvertidos para ese tipo de procesamiento. Varias distribuciones Linux ya están listas o en proceso, y no esperen que Windows sea alternativa.
Aún así, el Raspberry Pi se beneficia de lo que llamo efecto consola: unos componentes (hardware) fijos, que permiten optimizar hasta el extremo el funcionamiento del sistema operativo con la seguridad de que va a correr exactamente igual en todos los aparatos. Contará con legión de usuarios, muchos de ellos geeks con conocimientos avanzados de programación, con lo que el desarrollo y la evolución del proyecto tiene el futuro asegurado. Quien sabe, lo mismo en unos meses vemos Android, Ubuntu o Sugar corriendo en un Raspberry Pi. Pueden comprobar la potencia gráfica que desarrolla en este par de videos:



Espero con muchas ganas la segunda remesa, puesto que las 10.000 primeras unidades fabricadas se agotaron en unas horas. Fue tal la avalancha de interesados que saturaron el servidor de la fundación y la página estuvo desactivada durante días. Ahí tienen la prueba más clara de la increible dimensión que está tomando este proyecto. Al igual que otros muchos technogeeks, me muero por probarlo. ¿Ustedes no?.

ACTUALIZACIÓN: Ya tenemos la primera barbaridad funcionando: un superordenador construido con 64 raspberry pi’s. Un equipo de la Universidad de Southampton lo ha montado, confirmando que se puede experimentar en computación distribuida con cuatro duros. El bicho sale por medio millón de las antiguas pesetas. Una filfa en estos campos de investigación…

Por cierto, la pareja de la foto son padre e hijo. El primero ha liderado el equipo de investigación y el segundo ha construido con bloques Lego las torres que albergan la comuna raspberry pi.

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