Cuando Richard encontró a Linus.

Podría ser el título de una peli romántica para una tarde de Domingo, pero no. Es la historia de una pareja de tipos que revolucionaron la computación cuando sus respectivos proyectos se complementaron. Prepárense porque hoy, en Documentos GrupoPues, nos vamos de viaje a los años dorados de la informática:

En los primeros 70, un par de colegas (los adorados Ken Thompson y Dennis Ritchie) crearon un sistema operativo para grandes computadoras y lo denominaron UNIX (algo así como Sistema de computación de información multiplexada, toma ya). Este sistema era robusto y estable pero presentaba varias pegas: era propietario (había que pagar licencia de uso), complejo y necesitaba un maquinón para correrlo. Unos añitos después, otro de los pioneros de la computación moderna (el profesor Andrew Tanenbaum) se sacó de la manga un clon más reducido llamado MINIX para poder explicar a sus alumnos las bases del diseño de sistemas operativos en un tiempo aceptable (meses). Este MINIX resultó ser una maravilla porque podía ser instalado sobre los “asequibles” IBM PC de la época. Para mantener el nivel pedagógico, nuestro profesor no permitía grandes modificaciones de MINIX que pudieran complicarlo o desnaturalizarlo. Y aquí sale a escena uno de nuestros protas, el amigo Linus Torvalds. Este chavalote estudiaba Ciencias de la Computación en su Helsinki natal (lo que leen, en el quinto pino de Finlandia) y se metió en un fregado de mil demonios. Tomó ideas de MINIX y UNIX y construyó su propio sistema operativo. No solo eso, sino que lo hizo accesible a todo el mundo.

Para hablar con propiedad, lo que Linus programó no era un sistema operativo en sí. Era un kernel (o nucleo) clónico y compatible con UNIX. En computación, se denomina núcleo a la parte central y más importante de un sistema operativo. Lo conforman las instrucciones y subprogramas que son invisibles al usuario y permiten comunicarse con las partes físicas (hardware) de la máquina y gestionan sus recursos (memoria, almacenamiento, ciclos de procesador…). Sobre el núcleo se aplican distintas capas (tipo cebolla) que culminan con la interfaz o escritorio sobre el que trabaja el usuario final. Mientras estábamos atentos a los JJ.OO. de Barcelona, Linus ofrecía su trabajo bajo licencia libre (llamada GPL) permitiendo su copia, modificación, distribución y uso ilimitados, con la denominación Linux. En el tercer acto, entra en escena nuestro Richard (Richard Stallman). Para ser correctos, cronológicamente correctos, Richard había aparecido unos cuantos años antes, a mediados de los 80, pero he preferido mantenerlo apartado hasta terminar el hilo argumental sobre los sistemas operativos. Harto de tanta licencia que impedía desarrollar libremente la computación, se embarcó en el proyecto GNU, que de un modo recursivo significa GNU no es UNIX (¿se quedó ancho, eh?). Quería reunir una colección de programas compatibles con UNIX pero libres de royalties, públicamente difundibles bajo licencia GPL (¿les suena?). Para cuando ya tenía listo un buen puñado de aplicaciones, buscaron un núcleo con licencia libre, momento en el que nuestro particular relato alcanza el apoteosis…

… imagínense una melodía lenta, una brisa suave, las olas mojando cansinamente la playa, un tipo barbudo paseando por un extremo, por el otro un chavalote en bermudas. De repente surge el flechazo. Ambos corren por la arena, se han reconocido y se aprestan al encuentro. Tras unos segundos que parecen minutos se funden en fraternal abrazo…

Pues no debíó de ser muy distinto cuando en 1992 aplicaron el conjunto de aplicaciones GNU al kernel (o núcleo) Linux. De este maridaje surgió un sistema operativo completo, el GNU/Linux. Y aunque le fastidie a Richard, la mayoría lo llamamos y nos referimos a él simplemente como Linux. Desde entonces ha llovido mucho, a algunos les ha crecido la barba, a otros menguado el pelo, y Linux es uno de los sistemas operativos más famosos del mundo.

Al derivarse de UNIX, mantiene como pilares la potencia y la flexibilidad. Es multitarea y multiusuario. Trabaja con la memoria en modo protegido, de modo que un hilo de ejecución defectuoso no cuelga toda la máquina. Estas cualidades son muy apreciadas en entornos empresariales, gubernamentales, etc, por lo que es un sistema operativo de éxito a nivel corporativo. La mayoría de los servidores web del mundo utilizan derivados de Linux. Quizás esas mismas cualidades le han apartado del usuario medio, que suele utilizar sistemas operativos de Microsoft. Por ello, en los últimos años se ha avanzado mucho en la integración de utilidades gráficas, paneles de control y asistentes, que han hecho mucho más sencillo el trabajo con discos, memorias USB, adaptadores wifi y bluetooth, modems USB 3G, tarjetas gráficas…

Su fundamento en licencias de libre distribución y modificación ha generado una gran cantidad de distribuciones paralelas. Muy famosas son la Red Hat, Debian, Fedora, Ubuntu, Gentoo, SuSe… digamos que tienen el mismo fondo, pero distinta forma. Les recomiendo encarecidamente que le den una oportunidad a Linux. La Asociación de Internautas les da algunas razones. Bájense alguna distribución de las que les he dejado un enlace y prueben sin compromiso. Pueden hacerlo grabando directamente la imagen ISO descargada, en un disco o creando una memoria USB de arranque con esta o esta utilidades. En esta dirección les explican como hacerlo con Ubuntu, pero el mismo método sirve para cualquier otra. Crearán así una Live CD o Live USB: Distribuciones listas para ser probadas en su equipo sin modificar su actual sistema operativo (a menos que ustedes decidan instalarlas, por supuesto). Contarán con alguna suite ofimática, navegador de internet, reproductor multimedia… lo que habitualmente utilizamos cada día.

En cuanto a la seguridad, si hablamos de virus, troyanos y amenazas similares podemos estar muy seguros utilizando Linux. Sin ir más lejos, este artículo está redactado desde un equipo con Linux Mint que no tiene instalado antivirus alguno. Aparte del control de la ejecución de los programas, Linux gestiona los usuarios de un modo que recorta en gran medida la acción de malware: cada usuario tiene acceso a un conjunto reducido de acciones concretas, que si bien le son suficientes para su trabajo diario, impiden el acceso al preciado núcleo del sistema. Cualquier modificación de la configuración o actuación en el kernel requiere una contraseña de un usuario especial denominado root, el administrador del cotarro. Por si fuera poco, la licencia GPL de Linux de confiere un grado más de seguridad ya que cualquier programador puede revisar el código y proponer mejoras, amén de que cualquier falla del sistema puede ser reparada por miles de personas alrededor del mundo.

Ya tiene su tiempo, pero el documental Código Linux les podría resultar interesante:

Have fun.

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